Eso es lo último que recuerdo de anoche. Y ahora que lo pienso, de ayer. ¿Qué hice? ¿Me tomé algo? Voy hacia la puerta de mi habitación y me peino de camino al salón, donde oigo voces. Mi madre. Quizás la pueda preguntar.
Cuando aparezco en la puerta veo que está llorando. Y no está sola, prácticamente mi familia está allí. Todo lloran. Susurro un "¿qué ha pasado?" con la voz quebrada, pero nadie contesta. Pensando que no me han oído, hago el esfuerzo, con un nudo en la garganta de la preocupación, de repetir mis palabras más alto. Siguen sin contestarme.
Me dirijo hacia mi madre, pero mira a través de mi. Tiene los ojos vacíos, no veo sentimiento en ellos. Parece que no me ve. Intento tocarla el hombro pero mi mano, como si no fuera materia, la traspasa. Repito el proceso y lo mismo. ¿Qué está pasando?
Chillo, lloró, pataleo, pero ni me oyen, ni me ven, ni me sienten.
¿Qué hice anoche?
Me dejo caer en el suelo, sobre mis rodillas. Las lágrimas caen y ya me escuecen los ojos. Tiene que ser una broma, pero no tiene gracia. Sigo diciendo cosas inteligibles, llorando, maldiciendo la situación hasta que tengo un pequeño flashback y ya sé lo que hice anoche.
No solo mojé la cama con lágrimas, sino también con sangre...
No paro de gritar, de llamarme estúpida por haberlo hecho, de sentirme culpable por lo que le he hecho a mi familia, a mis amigos, a mi gente...
Y de repente, me despierto. Estoy cubierta en sudor y lágrimas. Me miro las manos y no hay restos de sangre. Ha sido solo un sueño. Solo un sueño... y con ese pensamiento me vuelvo a dormir.

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